La transmisión intergeneracional del Linaje femenino

La transmisión intergeneracional del Linaje femenino.
Embarazo, parto, puerperio y crianza.

Escrito por: Eligia Rodríguez Rivero. Psicóloga
Facilitadora de Configuraciones Sistémicas.

Las mujeres tomamos de nuestras madres y, sobretodo, de nuestras abuelas (bisabuelas, tatarabuelas) tanto información genética como información morfogenética (energía) acerca de la fertilidad (o infertilidad), acerca de la concepción, del embarazo (o aborto), del parto, el postparto (extrañamiento, depresión, estados psicóticos), la manera en que amamantamos o no (lactancia).

Imaginemos, por un momento, la información que portamos y que opera en momentos importantes de nuestras vidas como mujeres, sin apenas ser conscientes de ello, los legados psico-emocionales de nuestras antepasadas que también se manifiestan durante la crianza, en la aceptación (o rechazo) del hombre (padre/compañero). ¿Qué nos sucede cuándo ponemos consciencia en nuestro cuerpo como mujeres?

Las mujeres de nuestra familia son piezas clave para entendernos en todos los momentos que he citado con anterioridad. La conexión con ellas va más allá de la genética. Aunque cuando la abuela estaba embarazada de nuestra madre, el feto ya contenía los ovocitos. De ellos salieron los aproximadamente dos millones de óvulos de nuestra madre. Y de uno de ellos nacimos nosotras. Pero, además, todos los hechos que impactaron emocionalmente en ella durante la concepción, embarazo y parto, dejan su huella. Invisible para otros, pero no para sus hijas y nietas.

Cuando la abuela estaba embarazada de nuestra madre, el feto ya contenía los ovocitos, de uno de ellos nacimos nosotras.

Denominador físico común

En el acompañamiento psicoterapeútico me ha surgido observar y reflexionar sobre los patrones de repetición de dolor y sufrimiento compartido que unen a las mujeres de manera general, como género, pero también de manera familiar, como Linajes femeninos con un denominador físico común: El útero y sus distintas energías/informaciones. El sexo, como vínculo con la pareja, La maternidad, como vínculo con los hijos, El ciclo menstrual, como vínculo consigo misma y con sus iguales (las amigas, las hermanas, otras mujeres) y La fertilidad, como vínculo con la Vida con la Tierra.

El útero, cual recipiente guarda y recoge memorias a través del Linaje femenino: la información pasa de útero a útero por la unidad dual entre madres e hijas. Aunque en muchas ocasiones la expresión de esa información se salte una generación y se manifieste en las nietas. Cada hija que llega a consulta trae consigo a su madre y a todas las que la antecedieron.

Durante el parto

En esta reflexión que comparto me planteo lo que sucede durante el parto. Dadas las fuerzas y energías que se liberan en el propio acto de parir, de dar a luz al nuevo ser no es posible ser la misma después. De esa experiencia dónde entramos en espacios inexplorados y ocultos para las mujeres actuales. Es fundamental que las mujeres nos ocupemos de explorarnos y conocernos con conciencia. Considero un tremendo despropósito para la salud de la mujer que las propias mujeres desconozcamos todo acerca de nuestra matriz sagrada. En el sentido de valor y respeto, en oposición al mercantilismo y biologicismo en la medicina y la sociedad occidental.

Llega un tiempo de integrar mente-cuerpo-alma en los asuntos que tienen que ver con la Vida, con dar la vida y por ende, con la salud integrada de las mujeres. Termino, citando a la Dra. Christiane Northrup, en “Madre e Hijas”:

La salud de la mujer es el terreno sobre el que crece toda la humanidad. Mejorar la salud de una mujer fertiliza y aprovisiona el terreno para todos, hombres, mujeres, niños, animales, plantas y el propio planeta. El vínculo madre-hija, en toda su belleza, dolor y complejidad forma el cimiento mismo del estado de salud de la mujer. Esta relación primordial deja su huella en todas y cada una de nuestras células para toda la vida

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